Como agua para chocolate (Laura Esquivel, 1989)

como-agua-para-chocolate_701346Las madres adoptivas pueden amamantar. Este aspecto poco frecuente de la lactancia materna fue tratado en la novela “Como agua para chocolate” (Laura Esquivel, 1989), llevada al cine por Alfonso Arau en 1992.

Con información y apoyo adecuados, inducir la lactancia materna es perfectamente posible en la mayoría de casos y cada vez más madres se animan a intentarlo, aunque en mujeres que no han tenido embarazos previos puede costar más conseguir una lactancia materna exclusiva.

La producción de leche conseguida es muy variable. Por ello el principal objetivo de una inducción de la lactancia debería ser el aumentar los lazos afectivos con el bebé, quedando la alimentación en un segundo plano.

En la novela “Como agua para chocolate” (Laura Esquivel, 1989) se tratan también diversas circunstancias y mitos que acompañan a la lactancia materna, como quedarse sin leche por un susto, las nodrizas, la cerveza como galactogogo, etc.

Os dejamos con algunos fragmentos de ella.

A mamá Elena, de la impresión se le fue la leche. Como en esos tiempos no había leche en polvo ni nada que se le pareciera, y no pudieron conseguir nodriza por ningún lado, se vieron en un verdadero lío para calmar el hambre de la niña. Nacha, que se las sabía de todas todas respecto a cocina -y muchas otras cosas que ahora no vienen al caso- se ofreció a hacerse cargo de la alimentación de Tita.

(…)

Rosaura no tenía leche. En el pueblo, afortunadamente, encontraron una nodriza que se encargó de amamantar al niño. Era pariente de Nacha, acababa de tener su octavo hijo y aceptó con agrado el honor de alimentar al nieto de mamá Elena.

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Escena en la que Tita amamanta a su sobrino Roberto. “Como agua para chocolate”, película (Alfonso Arau 1992).

El bebé lloraba exasperado. Trataron de darle leche de vaca y la rechazó. Tita trató entonces de darle té, tal y como Nacha lo había hecho con ella pero fue inútil: el niño igualmente lo rechazó. Se le ocurrió ponerse el rebozo que Lupita la nodriza había olvidado, pensando que el niño se tranquilizaría al percibir el olor familiar que éste despedía, pero por el contrario, el niño lloró con más fuerza, pues ese olor le indicaba que ya pronto recibiría su alimento y no comprendía el motivo de su retraso. Buscaba su leche entre los senos de tita. Si hay algo en la vida que Tita no resistía era que una persona hambrienta le pidiera comida y que ella no pudiera dársela. Le provocaba mucha angustia. Y sin poderse contener por más tiempo, Tita se abrió la blusa y le ofreció al niño su pecho. Sabía que estaba completamente seco, pero al menos le serviría de chupón y lo mantendría ocupado mientras ella decidía qué hacer para calmarle el hambre.

El niño se pescó del pezón con desesperación y succionó y succionó, con fuerza tan descomunal, que logró sacarle leche a Tita. Cuando ella vio que el niño recuperaba poco a poco la tranquilidad en su rostro y lo escuchó deglutir sospechó que algo extraordinario estaba pasando. ¿Sería posible que el niño se estuviera alimentando de ella? Para comprobarlo, separó al niño de su pecho y vio cómo le brotaba un chisguete de leche. Tita no alcanzaba a comprender lo que sucedía. No era posible que una mujer soltera tuviera leche, se trataba de un hecho sobrenatural y sin explicación en esos tiempos. En cuanto el niño sintió que lo separaban de su alimento empezó a llorar nuevamente. Tita, de inmediato lo dejó que se pescara de ella, hasta que sació por completo el hambre y se quedó plácidamente dormido, como un bendito. Estaba tan absorta en la contemplación del niño que no sintió cuando Pedro entró en la cocina. Tita era en ese momento la misma Ceres personificada, la diosa de la alimentación en pleno.

(…)

– ¿Ya está listo el champurrado para tu hermana?

– Ya mami. Dámelo para que se lo lleve, necesita tomarlo día y noche para que le baje la leche. Pero por más champurrado que tomó, nunca le bajó la leche. En cambio Tita tuvo desde ese día leche suficiente como para alimentar no solo a Roberto sino a otros dos niños más, si así lo hubiera deseado.

(…)

Todo el día había tomado cerveza, no para aminorar el calor sino para tener más leche, para amamantar a su sobrino.

(…)

A Rosaura le afectó tanto la muerte de su madre que anticipó el alumbramiento de su hija y quedó imposibilitada para amantarla. En esta ocasión Tita no pudo o no quiso adoptar el papel de nodriza, como en el caso de su sobrino, es más, ni siquiera lo intentó, tal vez por la experiencia demoledora que tuvo cuando la separaron del niño. Ahora sabía que no había que establecer relaciones tan intensas con niños que no eran propios.