“Lactancia, brazos, colecho… Placeres prohibidos”. Charla de Carlos González organizada por Mammalia (Torrent, 18/X/2014).

El pasado 18 de octubre tuvimos la ocasión de disfrutar de la charla del pediatra y escritor Carlos González “Lactancia, brazos, colecho… Placeres prohibidos”, que tuvo lugar en el Conservatori Professional de Música de Torrent.

Compartimos con vosotros algunas de sus palabras sobre los modernos tabúes respecto a la lactancia y crianza. Nos habló de cómo frecuentemente recomendamos a las mamás dar el pecho “discretamente”. ¿Por qué?, se preguntaba, si esto no se lo diríamos a una chica en bikini en la playa o la piscina.

Destacó la importancia de la figura de apego para el niño. Cuanto mejor sea la relación que el niño ha tenido con la figura de apego, generalmente la madre, mejor serán las relaciones sociales que establezca a o largo de su vida, con su padre, sus hermanos, abuelos, parejas…

Es curioso, decía, que todos entendemos que para los niños que están en orfanatos, atendidos por expertos profesionales, lo ideal es encontrar una familia en adopción o al menos de acogida; y en cambio, cuando tienes un hijo muchos pretenden convencerte de que está mejor con profesionales que con su familia. “Es que así se hará independiente”, argumentan. Están equivocados, puesto que todos los niños son dependientes, no es que los hagamos dependientes por prestarles atención ni que vayan a hacerse “independientes” por apartarlos de nosotros. Si fuera así lo ideal sería matricularlos en un orfanato a los seis meses.

La atención de la figura de apego constituye una necesidad básica del ser humano. Existe un solo “objeto primario de apego”, que generalmente es la madre (si ha muerto o no está, puede ser el padre, la abuela o la enfermera del orfanato). El resto de personas son objetos secundarios de apego. ¿Puede ser el padre objeto primario de apego? sí, pero entonces la madre será secundaria, y a pocas mamás les gusta ser secundarias… Los papás generalmente, a lo máximo que pueden aspirar, decía, es a ser la más importante de las figuras secundarias de apego, aunque hay una gran competencia con las abuelas, principalmente.

Habló de los prejuicios que existen respecto al llanto, de cómo a menudo se dice del niño que llora: “te manipula, es teatro”. Cuando se separa al niño de su madre para dejarlo en la guardería, el niño llora y al cabo del rato deja de llorar. No es teatro, explicaba. Sencillamente nadie puede estar todo el rato llorando, por afligido que esté. El llanto es una forma de comunicación, anterior a las palabras: lloramos para pedirle al otro consuelo. El niño llora para que su madre no se vaya, está realmente triste y se lo dice así. Cuando se va, piensa: bueno, habrá que conformarse con hacer bolitas de plastilina; cuando su madre vuelve, llora para pedirle que no le lleve a la guardería al día siguiente.

También habló sobre los celos en los niños. Los celos no son exclusivos de las relaciones de tipo sexual, explicaba. Tenemos celos porque las relaciones afectivas son muy importantes para nosotros. Para los niños existe un motivo más: es vital que sus padres les atiendan. Hace 200.000 años (sin casas, sin telas…) si un padre dejaba de atender a su hijo pequeño, este sencillamente moría. Está en nuestros genes. Los celos en los niños funcionan y se expresan de forma similar a como lo hacen en los adultos.

¿Y los brazos? Es otro placer prohibido en nuestra sociedad. En las sociedades tradicionales la madre puede participar plenamente en la vida social y cultural sin tenerse que separar de su hijo. Quizás debería preocuparnos que la nuestra, la sociedad occidental de los siglos XX y XXI, sea la única que no lleva a sus hijos todo el rato en brazos. Llevar al niño en brazos es una comodidad para la madre que está muy ocupada, como es el caso de las mujeres en las sociedades tradicionales. En la nuestra, la madre puede permitirse pasarse el día con el niño del brazo a la cuna -cuando está dormido-, de la cuna al brazo… porque tiene mucho tiempo y comodidades (agua corriente, lavadora…).

Trató sobre la “manipulación”, una palabra desprestigiada, decía. Manipular no es algo malo, significa hacer cosas con las manos. Como el niño pequeño no puede manipular físicamente, necesita manipular psicológicamente a sus padres para que manipulen estos objetos, de ello depende su supervivencia.

Respecto al sueño, los niños necesitan la compañía para dormir. El objetivo del colecho no es que el niño no se despierte, pues los niños pequeños se despiertan. Simplemente puede resultar útil no tenerse que desplazar al cuarto del niño cada vez que se despierta. Cada familia debe poder elegir lo que le resulte más cómodo.

Para Mammalia fue una enorme satisfacción contar con la presencia de Carlos González. Esperamos que los que tuvisteis ocasión de asistir, disfrutarais tanto como nosotras. Para vosotros y para los que no pudisteis escucharle, hemos recordado algunas de sus palabras.

Gracias, Carlos González.