Frida Khalo y su inquietante mirada a la maternidad

Frida Khalo. Fotografía de Nickolas Muray.

La pintura ha llenado mi vida. He perdido tres hijos y otra serie de cosas que hubiesen podido llenar mi horrible vida. La pintura lo ha sustituido todo. Creo que no hay nada mejor que el trabajo.

Frida Kahlo

Hoy nos acercamos a las obras sobre maternidad de la pintora mejicana Frida Khalo, una mirada siempre inquietante, que no se parece a ninguna otra.

Para tratar de entenderlas hay que conocer un poco su vida, que estuvo llena de dolor y pasión.

Magdalena Frida Carmen Kahlo Calderón, más conocida como Frida Kahlo (Coyoacán, 6 de julio de 1907 – 13 de julio de 1954), estuvo casada con el célebre muralista mexicano Diego Rivera, su vida estuvo cruzada por el infortunio de una enfermedad infantil y por un grave accidente en su juventud que la mantuvo postrada durante largos periodos, llegando a someterse hasta a 32 operaciones quirúrgicas.

Ella siempre dijo que sus pinturas no eras “surrealistas”, ya que no pintaba sueños sino su propia realidad.

La madre de Frida Kahlo no le dio pecho y fue alimentada por una nodriza india, a la que despedirían porque bebía en horas de trabajo. La relación entre Frida y la nodriza expresada en el cuadro “Mi nana y yo” (Frida Khalo, 1927) es distante, fría y reducida al acto práctico de la alimentación, una impresión que se ve acentuada por la carencia de contacto visual entre nodriza y niña y la máscara que cubre el rostro de la nodriza. La pintora consideraba este cuadro uno de sus trabajos más fuertes. 

Se aprecia que la nodriza no siente ternura por Frida: no la abraza ni la acaricia, parece que quiere ofrecerla en sacrificio a los dioses. La pintora ha querido representar esta frialdad por medio de una máscara.

“Mi nana y yo”. Frida Khalo, 1927.

En la siguiente pintura, la primera de una serie, Frida pinta “cómo imagine que nací”. Una inquietante gran cabeza (la cabeza de Frida) emerge del útero materno.

El bebé a medio nacer, cayendo en un charco de sangre, se refiere a la criatura que Frida acababa de perder en un aborto espontáneo. La cabeza de la madre está cubierta por una pieza de tela, referencia a la muerte reciente de su propia madre.

“Mi nacimiento”. Frida Khalo, 1932.

Después de conocer la noticia de su embarazo, la artista decidió abortar consciente de que su marido no quería más hijos y temerosa de que se convirtiera en una amenaza para su propia vida.

Pese a haber intentado provocar el aborto con diferentes tácticas, el embarazo continuó. Los médicos le dijeron que el bebé podía sobrevivir si, después de determinados meses de gestación, le practicaban una cesárea. Con sus temores, Frida comenzó esta pintura en la que manifiesta sus inseguridades y esperanzas de que el bebé nazca con vida. Sin embargo, nunca la terminó. Dos meses después, la artista sufre un aborto espontáneo que casi le costó la vida.

“Frida y la operación cesárea”. Frida Khalo, 1932

“Frida y el aborto”. Litografía de Frida Kahlo, 1932.

En la siguiente pintura, Kahlo se pinta a sí misma acostada en una cama del Hospital Henry Ford (en Detroit) después del aborto. La figura en el retrato está desnuda, las sábanas que se ven debajo de ella están ensangrentadas y una gran lágrima cae de su ojo izquierdo.

La cama y su triste habitante flotan en un espacio abstracto, rodeado por seis imágenes en círculo relacionadas con el aborto. Todas las imágenes están ligadas a filamentos de color rojo-sangre, que ella aguanta contra su estómago, como si fueran cordones umbilicales. La imagen principal es un feto masculino perfectamente formado, el pequeño “Dieguito” que ella deseaba tanto tener.

La orquídea fue un regalo de Diego. “Cuando yo lo pinté, tenía la idea de una cosa sexual mezclada con lo sentimental”. El caracol, explicó, alude al lento aborto. El torso femenino de yeso color salmón, Frida explicó que era su “idea de cómo explicar el interior de una mujer”. La máquina de aspecto cruel que ella inventó “para explicar la parte mecánica de todo el asunto”. Finalmente, en la esquina inferior derecha está su pelvis.

“Henry Ford Hospital” -la cama volando-. Frida Khalo, 1932.

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