“La mano que mece la cuna”, película terrorífica a los ojos de una madre

“La mano que mece la cuna.. es la mano que domina el mundo”.

Nos gusta mucho descubrir la lactancia materna en películas, series o libros y analizar la fuerza de lo que transmite. Además, qué mejor pasatiempo tetil para las vacaciones…

Consideramos que “La mano que mece la cuna” (Curtis Hanson, 1992, EEUU) es una de las películas más terroríficas que puede ver una madre. Hoy la comentamos aquí para destacar el protagonismo que cobra en la narración la lactancia materna.

La madre protagonista se va viendo anulada y casi aniquilada, por un niñera que es algo más que eso aunque la familia no lo sospeche.

La niñera quiere vengarse de la madre por el suicidio de su marido y el fallecimiento de su bebé. La madre había denunciado al marido de la niñera, ginecólogo, por acoso sexual y este terminó suicidándose. Al poco tiempo murió su bebé durante el parto.

Fotograma de “La mano que mece la cuna”. La madre amamanta a su hijo.

Dentro de su plan, está darle el pecho al bebé que cuida, sin que la madre lo sepa. Interiormente lo adopta como su bebé. Así se venga de la madre, pues el bebé no tiene hambre cuando está con ella y siente que la rechaza, porque ha sido amamantado ya en secreto por la niñera.

El jardinero de la casa, al que la familia le tiene especial cariño y confianza, descubre a la niñera dándole el pecho. Esta urde un plan para deshacerse de él: lo acusa de ser un potencial pederasta y la familia lo despide.

Fotograma de la película “La mano que mece la cuna”. La madre descarga el coche mientras la niñera sujeta al bebé.

La película nos hace reflexionar sobre que una madre enamorada de su bebé es insustituible y necesaria para cuidarle.

En la actualidad, hay abierto en nuestro país un tremendo y escabroso caso de bebés robados que nunca hubiera ocurrido si se hubiera respetado algo tan natural y necesario como no separar a madre y recién nacido. Y contínuamente escuchamos casos de mayor o menor gravedad que no se hubieran dado de haber sido respetadas las necesidades de madres y bebés.

En una lactancia materna normal siempre hay un niño y una madre juntos. ¡Feliz verano!