¿Por qué los poderes públicos deben promover la lactancia materna?

IMG_20130622_005534-001La lactancia materna es la forma normal de alimentar y cuidar a nuestros hijos, característica común a los mamíferos, por lo que parece absurdo tener que dar argumentos “a favor” de la lactancia materna frente a la lactancia artificial.

El propio término “beneficios” de la lactancia materna no es idóneo, porque parece sugerir que la lactancia artificial es lo normal y la lactancia materna es un extra. Es más adecuado hablar de “riesgos” de la lactancia artificial, de la misma forma que no se habla de las ventajas de respirar aire puro, sino de los riesgos del tabaco. Organismos de referencia en materia de alimentación infantil, como el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, se refieren a los “riesgos” del no amamantamiento o destete precoz.

Los referidos organismos recomiendan lactancia materna exclusiva durante seis meses y complementada con otros alimentos adecuados durante un mínimo de dos años, y a partir de ahí todo el tiempo que madre e hijo quieran.

Pero en distintos ámbitos, aún hoy en día, se cuestiona la superioridad de la lactancia materna. Resulta necesario, por tanto, recordar que sí existe una gran diferencia (aceptada por toda la comunidad científica) entre lactancia materna y artificial.

 

Por qué la lactancia materna es una cuestión de salud pública:

A todos nos interesa vivir en una sociedad que amamanta, por ello los poderes públicos no pueden permitirse no promocionar la lactancia materna. A continuación, reproducimos un fragmento de un documento elaborado por el Comité de lactancia materna de la Asoc. Española de Pediatría (2010), en el que se detallan los perjuicios de no amamantar para madres, niños, familias y la sociedad en su conjunto. Esperamos que las autoridades lo consideren para tomar decisiones:

“Los riesgos a los que se somete el lactante que no es amamantado o que abandona la lactancia antes de lo recomendado son múltiples. Entre ellos un mayor riesgo de mortalidad postneonatal durante el primer año de vida, y un mayor riesgo de muerte súbita del lactante. Además el lactante no amamantado presenta más riesgo de sufrir procesos infecciosos sobre todo gastrointestinales, respiratorios y urinarios, y estos de ser más graves, aumentando el riesgo de hospitalización hasta 10 veces, según los estudios.

Más a largo plazo, el haber sido alimentado con sucedáneos de leche materna (leches de fórmula para bebés) aumenta el riesgo de padecer dermatitis atópica, alergia y asma en niños con antecedentes familiares de alergia, disminuye la eficacia de las vacunas, y aumenta el riesgo de padecer enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes mellitus, esclerosis múltiple y cáncer en la edad adulta. Las niñas no amamantadas tienen más riesgo de presentar cáncer de mama en la edad adulta.

Varios de los riesgos de la no alimentación al pecho son dosis-dependientes como el riesgo de cáncer de mama, obesidad, enfermedades respiratorias y algunos cánceres. Es decir, cuanto más tiempo se mantiene la alimentación al pecho más disminuye el riesgo.

Los lactantes no amamantados presentan unas puntuaciones peores en los tests cognitivos y menor cociente intelectual y peor agudeza visual, años después de terminar la lactancia. Y se ha relacionado una menor duración de la lactancia materna con la aparición de problemas mentales en los adolescentes.

Los niños, jóvenes y adultos no amamantados son menos estables psicológicamente y tienen una mayor incidencia de algunos problemas de salud mental como déficit de atención e hiperactividad, ansiedad y depresión. Esto y la disminución del riesgo de maltrato infantil se asocian al hecho de la alimentación al pecho y no sólo a la diferente composición de la lactancia materna, ya que se relacionan fundamentalmente con el contacto y la interacción que tiene el bebé con su madre durante el acto de amamantar.

Por ello algunos de estos efectos beneficiosos no se presentan en los lactantes que sólo reciben leche de su madre en biberón. Los perjuicios de no amamantar también afectan a la mujer que no amamanta, que presenta mayor riesgo de hemorragia posparto, mayor riesgo de fractura espinal y de cadera postmenopáusica, cáncer de ovario, cáncer de útero y artritis reumatoide. Así como aumento de riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión, ansiedad y depresión.

La sociedad también sufre los perjuicios del no amamantamiento ya que la lactancia artificial supone un aumento de gasto sanitario por la mayor morbilidad asociada (3.6 billones de dólares anuales en EEUU). También, se ha demostrado un aumento de absentismo laboral entre las madres y los padres de lactantes no amamantados, en comparación con los de lactantes amamantados al pecho, no solo debido a la menor incidencia de enfermedades infantiles sino a la menor incidencia de problemas psicológicos en los progenitores de estos últimos.

Dado que la morbilidad de los lactantes y sus madres supone un aumento del absentismo laboral también las empresas sufren estos efectos. Un estudio comparó el absentismo laboral de las trabajadoras de una empresa con servicio de apoyo a la lactancia materna además de una sala para la extracción y conservación. Los resultados fueron que entre las mujeres con absentismo por causa de enfermedad de su hijo el 75% daba a su bebé leche artificial y solo el 25% amamantaba.