Salas de lactancia. “Artículo” perfectamente prescindible en tu lactancia II.

En el amplio catálogo “Artículos perfectamente prescindibles en tu lactancia” (sección que presentábamos con el Cubrelactancia) encontramos en el número 724, las “salas de lactancia”. Se trata de habitáculos destinados a su ocupación por personas lactantes durante el ejercicio de esa actividad.

Podemos encontrarlos en espacios públicos, como centros comerciales, y generalmente se señalizan mediante un cartel que indica “Sala de lactancia” ilustrado por un biberón. En ellas suele haber sillones, en ocasiones en compartimentos individuales separados por cortinas y con un espacio común en el que a veces hay un microondas.

Cuestión previa: no abordamos en esta entrada la posible utilidad de las salas de lactancia para la alimentación mediante lactancia artificial.

Nos referimos a su inutilidad para la lactancia materna, porque las mujeres que amamantamos (y los niños que maman) no precisamos de lugares “especiales” para hacerlo: utilizamos el mismo banco o silla que los no lactantes.

Escuchamos frecuentemente argumentos a favor de su utilidad:

No son de uso obligatorio

Es cierto, amamantar en público no está prohibido en nuestro país y las salas de lactancia no son de uso obligatorio, pero esta circunstancia no justifica su existencia.

Algunas madres tienen reparo en amamantar en público, las salas les proporcionan un espacio íntimo

Nos planteamos por qué hay mujeres que no se encuentran cómodas amamantando en público. Podría ser por la cultura del biberón en la que vivimos actualmente, que en España experimentó su máximo esplendor en los años 70, cuando nacieron muchas de las mujeres que ahora son madres lactantes.

En épocas anteriores, de estricta moral sobre cuestiones sexuales, las madres amamantaban en público sin que ello supusiera, para ellas o para los demás, ningún problema. Conforme se normalizaba el uso del biberón, la sociedad apartaba cada vez más el acto de amamantar.

Ir al wc es natural y no lo hacemos en público

Premio APILAM del Concurs Fotogràfic Lactància Materna Marina Alta de Dénia 2014, organizado por el Grup Nodrissa.

También es la cultura del biberón la causante de semejante comparación. La cultura de la teta nos lleva, en cambio, a otras: ¿nos apartaríamos para darle a nuestro hijo un bocadillo? ¿Para darle un abrazo?

Paradójicamente la propia existencia de una sala de lactancia es, desde nuestro punto de vista, una restricción a la lactancia materna. Que existan espacios para amamantar, sugiere que los demás lugares pueden no ser adecuados para amamantar.

No juzgamos a las mujeres que las utilicen, solo a cada mujer le corresponde decidir: si amamantar o no, si utilizar una sala de lactancia o no, pero estamos convencidas de que si no estuviéramos inmersos en la cultura del biberón (que considera la lactancia artificial lo normal y la lactancia materna, la alternativa), no existirían las “salas de lactancia”.

¿Se imaginan a las madres del Pleistoceno refugiándose en lo más recóndito de la cueva para evitar ser observadas durante el amamantamiento? ¿No será que nuestro cerebro ha aumentado de tamaño, pero que nuestra evolución mental ha entrado en regresión? Pues yo no me imagino un acto más hermoso que una madre alimentando a su hijo.

¡Y nos lo queremos perder!

José Mª Bermúdez de Castro

“Lactancia materna: salud y bienestar”