Venezuela: ¿obligación de amamantar o mayor libertad para amamantar?

El titular de la noticia publicada en el diario El País el pasado 16 de junio, no se ajusta a la realidad de los hechos, según se desprende del propio cuerpo de la noticia: “El Gobierno venezolano quiere obligar a las madres a amamantar”.

El titular: la obligación de amamantar. Los hechos: la restricción a la publicidad de los sucedáneos de leche materna, a través del proyecto de reforma de Ley de Protección, Promoción y Apoyo de la Lactancia Materna por la Asamblea Nacional de Venezuela.

Este artículo admite la tergiversación cuando afirma:

“Según trascendió, el proyecto de reforma, que modifica al menos 18 de los 33 artículos de la ley actual e incluye severas sanciones, no contempla –al menos, no antes de su próxima discusión en el hemiciclo, luego de quedar listo en la Comisión respectiva— el veto al biberón”.

Y continúa con lo que el proyecto sí contempla:

No obstante, algunos de sus artículos declaran la guerra a las fórmulas lácteas y al biberón, como si del cigarrillo se tratara (Nota de Mammalia: sobre esta comparación hablaremos más adelante). Se castiga la promoción publicitaria de esos complementos y su administración, en centros de salud públicos y privados, a niños menores de seis meses, “salvo indicación médica”. También se prohíbe la prescripción de suero glucosado a neonatos”.

Lo que la noticia denomina “declarar la guerra”, no es sino la restricción a la publicidad de los sucedáneos de leche materna, biberones y tetinas. Este proyecto recoge en buena medida lo que la OMS estableció en el año 1981 en el Código internacional de comercialización de sucedáneos de leche materna. Son diversas las causas que llevaron, a lo largo del S.XX, al fracaso de la lactancia materna, pero la publicidad de los fabricantes de leche artificial merece un lugar destacado.

El fin del Código promulgado por la OMS en el año 1981 era proteger a las madres contra la publicidad engañosa de los fabricantes de leche artificial. Que las madres sean libres de decidir cómo quieren alimentar a sus hijos, sin presiones por parte de la industria.

El Código es aplicable a los sustitutos totales o parciales de leche materna: leches de inicio, de continuación, especiales, cereales, zumos, purés vegetales, tés para bebés, así como biberones y tetinas.

En los diversos países firmantes se promulgaron con posterioridad normas que recogen en mayor o menor medida las referidas disposiciones. En este contexto debe ubicarse la Ley de Protección, Promoción y Apoyo de la Lactancia Materna cuya reforma se debatía el pasado 18 de junio, por la Asamblea Nacional de Venezuela.

En España es de aplicación el Real Decreto 867/2008, de 23 de mayo, por el que se aprueba la reglamentación técnico-sanitaria específica de los preparados para lactantes y de los preparados de continuación. En virtud de esta norma se prohíbe la publicidad de leche de inicio, no así la de continuación ni la de biberones y tetinas.

No vamos a analizar con detalle la regulación de nuestro país, pero queremos destacar que lamentamos esta omisión, ya que la publicidad de la leche de continuación es publicidad indirecta de la leche de inicio. Como señala Carlos González en “Mi niño no me come“:

“¿Hay alguien tan inocente para creer que la publicidad de Badmilk 2 no hace aumentar las ventas de Badmilk 1?”

Volviendo a la legislación de Venezuela, y a la valoración que sobre la misma se efectúa en la noticia, queremos hacer hincapié en este comentario:

“No obstante, algunos de sus artículos declaran la guerra a las fórmulas lácteas y al biberón, como si del cigarrillo se tratara“.

Aunque el periodista haya empleado la metáfora con ironía, lo cierto es que la comparación de la leche artificial con el tabaco es muy adecuada. Organismos con autoridad en  materia de alimentación infantil y reconocidos expertos, sostienen que es más apropiado hablar de riesgos de lactancia artificial que de beneficios de la lactancia materna, porque lo normal es la lactancia materna y cualquier otra forma de alimentación debe compararse con ella.

En palabras de Carlos González en “Un regalo para toda la vida”: “Sería más correcto, por tanto, hablar de riesgos de la lactancia artificial, lo mismo que hablamos de peligros del tabaco”. 

La restricción de la publicidad de la leche artificial está plenamente justificada, al constituir una de las causas más relevantes del fracaso de la lactancia materna. Como se dice que comentó un Vicepresidente de Nestlé en Toronto: “Obviamente, la publicidad funciona”.

Es deseable que los medios de comunicación se informen mínimamente sobre los temas que traten. Lamentamos que no haya sido así en este caso.

El Gobierno venezolano quiere obligar a las madres a amamantar.

Imágenes de: http://blogs.babycenter.com