Yo fui bosquimana

Mujer bosquimana con su hijo. No parece estar contando las veces que mama…

En otras culturas, los niños maman mucho más a menudo. El récord del mundo parecen tenerlo los Kung o bosquimanos de Kalahari, que maman unas seis veces por hora durante el día, pero cada toma solo dura como media unos noventa segundos.

[…] Los menores de tres años siempre mamaban por la noche.

“Un regalo para toda la vida”, Carlos González.

Es muy difícil destacar algo de este libro, por ser enteramente magnífico. Pero según la época de la vida es fácil haber leído algún fragmento una y otra vez. Esto fue lo que me ocurrió con el apartado “La frecuencia y duración de las tomas”, del segundo capítulo: “Cómo dar el pecho”, al que pertenece esta cita.

Cuando mi hijo tenía alrededor de año y medio, apenas quería tomar otro alimento que no fuera su teta. Yo podía satisfacerlo pues tuve el enorme privilegio de disfrutar de una excedencia y, después, de una reducción de jornada. El trabajo ocupaba una pequeña parte de mi tiempo, como les ocurre a las bosquimanas, tal como explica Marvin Harris en su libroVacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura”.

Antes de mi incorporación al trabajo, una pediatra de la que me habían contado era respetuosa con la lactancia materna, me dijo que la frecuencia de tomas de mi hijo era “un problema”, y “la solución” estaba en anotar cuántas veces mamaba al día: “seguramente le das muchas veces y no te das cuenta”. No me preguntó por mi disponibilidad ni situación laboral antes de emitir “diagnóstico y tratamiento”.

Madre e hijo bosquimanos.

No sabía cuántas eran “muchas” ni cuántas veces le daba, pero sí es verdad que no me daba cuenta y atribuía este “desconocimiento” a una lactancia exitosa.

Efectivamente, ninguna de mis compañeras del grupo de apoyo con niños de edades similares o más mayores, sabían cuántas veces mamaban sus hijos. Algunas solo decían: “deben ser muchas”. Sin embargo, otras madres que vivían sus lactancias como una carga tenían mucha mayor percepción de “las veces”.

Tomar conciencia del número de “veces” en una lactancia muy establecida, de año y medio, me parecía un atraso y una incomodidad que no tenía por qué asumir. Me estresaba solo pensar en estas anotaciones. Mi hijo y yo estábamos felices con nuestras “veces” y pertenecían a nuestra parcela privada, una parte de nuestra relación. No eran “muchas veces” ni “pocas veces”, solo eran adecuadas porque estábamos contentos los dos.

Por eso releía una y otra vez este fragmento de “Un regalo para toda la vida”. ¿Alguien les diría a las mujeres bosquimanas que sus “veces” eran “muchas” y eso era “malo”? ¿”Muchas” para quién? Porque su media estaba bien clara… ¿O sería que las otras culturas tenían “pocas veces”? ¿No estarían los antropólogos observando a los bosquimanos y anotando cuidadosamente sin interferir porque veían que el asunto les funcionaba perfectamente?

Por todo ello, tuve deseos de pintarme el cuerpo de negro y colgarme a mi hijo encima (aún más) todo el día. Si me encontrara entonces cercana a la media de las bosquimanas, ya no tendría que cambiar.

Sin llegar al extremo de pintarme el cuerpo, empaticé con las bosquimanas. Vivir en una sociedad occidental no debe significar renunciar a un derecho elemental que tenemos todas las mujeres del planeta: no contar “las veces”.

Y ahora, a veces, pienso con una sonrisa: “yo fui bosquimana”.

Lee descubrió, por ejemplo, que los bosquimanos trabajaban para su subsistencia solo de diez a quince horas por semana. Este descubrimiento destruye eficazmente uno de los mitos de pacotilla de la sociedad industrial: a saber, que tenemos más tiempo libre en la actualidad que antes.

Los cazadores y recolectores primitivos trabajan menos que nosotros, sin la ayuda de ningún sindicato, porque sus ecosistemas no pueden tolerar semanas y meses de un esfuerzo extraintensivo.

“Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura”.
 1974. 1ª edición al español: 1980.
Marvin Harris.

Esta entrada participa en la XI Edición del Carnaval de Humanidades, cuyo blog anfitrión es SCIENTIA.

Mar A.